Una descripción puede ser gramaticalmente correcta y, aun así, no dar en el clavo. Una referencia cultural fuera de lugar, una expresión idiomática empleada en un registro inapropiado o una descripción de contenido visual que un hablante nativo jamás formularía de ese modo: estos son los errores que merman la credibilidad de un producto en el mercado, y resultan invisibles para cualquiera que no viva en ese idioma.
Afrontar el lanzamiento comercial sin datos validados sobre la calidad de las descripciones implicaba asumir el riesgo de sufrir incidencias que solo saldrían a la luz cuando el producto ya estuviese a disposición de los usuarios internacionales.
Había además un segundo riesgo: la gobernanza. Los datos de evaluación recopilados mediante rúbricas heterogéneas en 45 idiomas no admiten comparación y, por tanto, unos datos inconsistentes no pueden impulsar la optimización del modelo. El valor real de la evaluación dependía exclusivamente de que todos los lingüistas aplicaran exactamente los mismos criterios metodológicos.

